La iglesia del Temple forma un solo conjunto con el antiguo palacio-convento que la flanquea, en el solar que Jaume I entregó a la Orden del Temple tras la conquista de 1238; de ahí el nombre que todavía conserva. Disuelta la orden templaria a comienzos del siglo XIV, sus bienes valencianos pasaron a la Orden de Montesa, fundada en 1317.
El terremoto de 1748 arruinó el castillo-convento de Montesa, sede de la orden, que trasladó su casa principal a València. Entre 1761 y 1770, con el patrocinio de Carlos III, se levantó el edificio actual según el proyecto de Miguel Fernández, discípulo de Sabatini, en un neoclasicismo de raíz italiana muy próximo a la arquitectura de la corte.
La fachada de la iglesia, en el lado occidental del conjunto, dispone un gran frontón triangular entre dos torres, con pilastras de orden gigante que enmarcan las puertas y los balcones. Sobre el crucero se alza la cúpula; la teja vidriada que la cubre, como a las torres, es la única concesión a la tradición valenciana. Dentro, una sola nave con capillas laterales conduce a un altar mayor en forma de templete, entre pinturas de perspectivas fingidas.











